lunes, 26 de abril de 2010

"Revelacion pictorica en El Salvador"


“REVELACION PICTORICA EN EL SALVADOR”
Por: Grego Pineda*

¡Una pincelada define una vida! Y ese filón artístico está siendo conocido, en estos días, por la población salvadoreña en general y por la comunidad artística en especial: Kattia Juárez Hernández, hija del recordado poeta nacional Hildebrando Juárez, ha irrumpido en la escena cultural de El Salvador con su reciente exposición individual denominada: “Las Tres Estaciones” que se lleva a cabo en La Casona, situada en el Centro Comercial Galerías del Paseo General Escalón.

La colección expuesta, trabajada en invierno y verano de un largo año, le permitió a su creadora consolidar su fe en la existencia de otra estación atemporal que todos llevamos dentro pero que pocos logran descubrir y repotenciar: La estación de la felicidad, de la armonía y de canto a la naturaleza. ¡Un canto a la naturaleza!... ese es el legado que Kattia nos está brindando con su reciente obra pictórica. Hay dos docenas de lienzos que reproducen el verdor tan amado de nuestra patria.

Las musas han estado presentes desde la tierna edad de nuestra pintora: creció rodeada de vibras poderosas de devoción al arte y cultura que su padre propició. Ya en su juventud Kattia estudió Ingeniería Agronómica y finalmente ha devenido en una Consultora en la conservación del medio ambiente. Su conocimiento, conciencia y militancia en la conservación del medioambiente ha marcado su estilo de vida y, consiguientemente: su obra.

De la mano del ya destacado pintor salvadoreño Don Armando Solís, Kattia ha desarrollado y alcanzado su propia expresión artística y aunque incursiona en diferentes temáticas, por cuanto se deja llevar por ese caprichoso llamado de la inspiración, lo cierto que lo suyo es el redescubrimiento de esa naturaleza tan bella pero también tan amenazada en países en desarrollo como el nuestro en donde la madre naturaleza es asediada por la ambición e ignorancia de nosotros sus hijos. A esa madre asustada por la depredación a que es sometida la artista le da una mano de amor y a su vez, en ese encuentro de madre e hija -ambas frescas y expuestas- se alza un grito de denuncia a la conciencia colectiva.

Nos dice la pintora, quien es verde por su obra, rosa por sus sentimientos, radiante por sus convicciones y ante todo intensa por la fuerza que le imprime a sus pinceladas que: “En esta colección quiero que la gente vea en detalle lo que damos por sentado será eterno pero que podríamos perder si seguimos socavando las bondades de la madre naturaleza. Tengo pinturas que reflejan el daño que le hacemos a la naturaleza pero decidí exponer, en tono positivo, lo que tenemos y que debemos proteger”.

Cierto arrebato entre el pincel, lienzo y alma es la desesperación de captar, plasmar y difundir ese dialogo que nuestra pintora mantiene con cada elemento del bosque, un árbol, una hoja, una piedra, un mar o río, en fin: Madre Naturaleza quien, en canto de amor, ha creado a Kattia Juárez Hernández, pintora salvadoreña.

*Escritor salvadoreño residente en Washington DC

Kattia Juarez y su poesia Pictorica en La Casona Galerias


Kattia pinta los momentos que le dictan ese “algo”, a través del sentido mágico con que lo traslada hasta el receptor con todo y el asombro original. Conscientemente de mi parte, dejo ese “algo” sin adjetivarlo con nada de lo que en verdad es el hecho que genera la obra artística, el émulo del proceso creativo. Lo dejo así, simplonamente, aun con el riesgo de que se le confunda con un algo trillado, con un no sé qué de cortesía o un anonadado bien cursi; mas, en este caso, es obligado destacar ese algo, entrecomillas, porque es el atisbo que define la pintura de Kattia, pues se trata del dibujo paisajístico en el que, entre la naturaleza externa y el alma del comunicante, es este elemento inspirador el prevaleciente para trasladarnos a esta realidad el fenómeno integral suscitado.
Y, en el caso de Kattia, este elemento definidor del instante estético es mucho más excepcional, como una luz prodigiosa en un mundo ya frecuentado, puesto que ella como profesional de agronomía ha tenido un acercamiento a las ciencias biológicas y una vivencialidad con la naturaleza. Allí están las raíces de su observación y su contacto directo con la tierra y sus recursos. Pero igual que el paisaje es un concepto moderno que va más allá de lo geográfico, de lo físico, y considera lo que los entendidos denominan la ecúmene, en donde el factor humano, los pobladores de la Tierra construyen lo que, a partir de su mediación y trayectoria, se le llama medio ambiente; para Kattia también, ya con esta concepción filosófica y visión trascendente, es de suprema valía ese momento de percepción y arrobamiento artístico, para poder abstraer -de lo que ya conoce vivencial y científicamente-, una visión extraordinaria, intensa. Es este acto -ese “algo” del cual hablaba-, el revelador en Kattia, puesto que, en el sitio y en el momento en que se produce, ella se sitúa con su humanismo, con su concepción en su hábitat, para aprovechar sus potencialidades, sensibles e imaginativas, a fin de captar y transformar esas luces, esos colores, esos movimientos y quietudes, en estados y dimensiones que nos hablan de su propia intuición y de aptitudes en sus límites hasta hoy explorados.
Según me comenta Kattia, del dictado de esos momentos inicia su producción creativa auxiliándose a veces de la fotografía, por lo que ha tenido que incursionar también en este otro recurso de la plástica. Y es que, por la técnica que ocupa –el óleo en lienzos de regular tamaño-, le resulta muy difícil llevar todos los instrumentos y materiales para pintar en el mismo sitio y al propio tiempo en que logra apropiarse del espacio, del impacto y los efectos varios. Todo esto lo captura con la fotografía que luego edita en su estudio y utiliza como memoria para el acto pleno de su realización. Claro que, la primerísima evocación, siempre está latente en su ente hacedor y es la que rige el proceso creativo hasta sus últimas resoluciones. Aquí, la cámara y el pincel son herramientas al servicio de una sola sensibilidad y concepto artísticos, reverentes a su quehacer imaginativo y maravilloso.
Del entorno universal acarrea a su estudio las diversas imágenes y sensaciones. De sus viajes por el interior y exterior del país abastece su inspiración, recarga ahí su cámara y recolecta las motivaciones. En algunas ocasiones, Kattia sale conscientemente a buscar y descubrir esos motivos, y otras veces, ellos salen a su encuentro, emergen por sí solos en contextos de quietud y meditación. Pero siempre el encanto es esencial, para poder ver la naturaleza e interpretarla mediante sus colores, luces y figuras básicas. Con la vivacidad para atrapar esos instantes del universo que no vuelven a repetirse. Es esa vivencia ante el paisaje la que trata de trasmitir en pinceladas no figurativas sino más bien frisando lo abstracto, con ese acento destellante que los estetas y sus ismos, podrían ubicar con rasgos mágicos, maravillosos o fantásticos, es decir, tal cual es nuestra naturaleza, nuestra realidad en su conjunto, y, en este caso, la paisajística, desde un punto de vista integral por supuesto, considerando sus varias acepciones científicas, filosóficas y artísticas.
De tan fascinante y vasto campo, la producción se le plantea como una diversidad de tópicos y desarrollos. Cuenta con temas como los siguientes: Atardecer en Los Cóbanos; La bahía de La Unión, en el cual puede verse el reclamo, la protesta por la contaminación del medio ambiente; Miramundo; Atardecer en Ibiza, islas Baleares; Atardecer en El Tunco; Atardecer en Atitlán; La Cumbre, cuadro inspirado en el poema Ascensión, de Alfredo Espino; Atardecer en Montelimar, Nicaragua; Atardecer en Guanacaste, playa Tamarindo en Costa Rica; Volcán San Salvador desde El Espino.
Kattia confiesa una mayor seguridad en el manejo del pincel y la mezcla de colores, gracias a su maestro el pintor Armando Solís. También reconoce haber aprendido con él, no sólo la preparación de materiales y el estudio acucioso de los colores, sino también la sistematización para el trabajo, el trazarse objetivos y la necesidad de formarse una conciencia artística. Ha estado en la Escuela de Arte del maestro Armando Solís, desde finales de 2006.
Por su parte, Solís opina que desde el primer día que Kattia llegó a su Escuela, vio en ella una gran potencialidad artística a desarrollar: su talante agresivo en el diseño y el color. Había que conducir esas cualidades hacia una profesional en la pintura, lo cual le parece haberlo logrado.
Este aprendizaje se facilita debido a la nueva enseñanza de la pintura, cuyo cambio se observa a partir de la última mitad del siglo pasado, con maestros de la pintura moderna como Kandinsky, Tapies, Miró. Ellos no incursionaron en la pintura académica, sin embargo, al producir una obra talentosa y libre, crean una escuela moderna, contemporánea, e influyen para una enseñanza de la pintura diferente.
Dentro de este concepto, el maestro tiene que descubrir las virtudes del alumno, para que, con método y dedicación, llegue a desplegar sus capacidades. Y esto es lo que se ha dado con Kattia, que, al inducir sus habilidades para el diseño y el color, se ha obtenido, con su sensibilidad innata, una pintura que Solís llama “un abstraccionismo de carácter expresionista”.
Muestra de este esfuerzo, perseverancia y ensueño, es lo que Kattia Juárez ofrecerá en su Primera Exposición Individual en la Casona de Galerías, que será inaugurada con una noche cultural el 8 de abril de 2010. Anteriormente, Kattia ha participado en varias Exposiciones Colectivas, en las que ha recibido acogida para su obra, prueba de ello es que algunos de sus cuadros están en Barcelona y Suiza, con coleccionistas que les ha atraído su pintura.
Sé que la poesía de su padre, el poeta Hildebrando Juárez, se derrama de gozo en cada una de sus realizaciones felizmente objetivadas para la recreación del público artístico. Así que, adelante Kattia con ese augurio poético para tu pintura…
Salvador Juárez,
9 de marzo de 2010
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