lunes, 10 de noviembre de 2008

EL CEMENTERIO DE LOS AMORES OLVIDADOS


EL CEMENTERIO DE LOS AMORES OLVIDADOS

Si ya Carlos Ruiz Zafón nos ha remontado a la Barcelona de principios de siglo con la fabulosa historia del cementerio de los Libros Olvidados, hoy, este inicio de Verano, con los vientos de COtubre casi a la puerta y dando empujones a la lluvia, Mayel me ha lanzado como un tornado en el desierto a la idea de escribir sobre el Cementerio de los Amores Olvidados. Historia que se desarrollara una tarde veraniega en Madrid, en las cercanías del Palacio Real, en el Café de Oriente, al lado de una copa de Rioja de la casa, mejor que cualquiera de los vinos que por estos trece grados se pueden encontrar hoy ante los ojos curiosos y coquetos de este personaje, el mesero de los ojos expresivos y frente al atardecer más insospechado descrito magistralmente por su intérprete, interprete del atardecer.

Me encuentro en el aeropuerto de San Jose, Costa Rica, en medio del Café Britt y de toda esta artesanía colorida y hecha en maderas de la selva tropical centroamericana; mi destino, esta vez al gran Continente, África, mi África o África mía como quedo grabada en mi memoria luego de ver la película de Meryl Streep. Al llegar a Madrid tratare de seguirte los pasos Mayel, recordar tus noches de insomnio en la Gran Vía, pasar por la Almudena donde compraste dos veces un Rosario de perlitas y plata para Malena, uno de ellos quedo abrazado entre las manos de su amigo entrañable. Tratare de seguir tu huella, tu esencia, porque te me adelantaste dos veces este año para patear y recorrer Madrid y sus calles, todas con memorias e historias inolvidables. (Recuerdo perfectamente las campanadas de la Plaza mayor regresando de cenar en el Botín el día que robaron mi billetera).

Este día me dibujaste un atardecer, Mayel, con colores lapislázuli que de no ser porque conozco perfectamente mi paleta, no me hubiese imaginado ni siquiera indagado sobre la belleza que a través del Treo trataste de describirme. Pero creo que la apertura de tu alma, el día que enterraste al Nibelungo en este café de Oriente, y tus lagrimas frente al mesero de los ojos hermosos, le dio estos colores al atardecer. No podre Jamás Olvidar verte sentada en la escalinata del museo frente a la gran estatua del patio central, desde este momento sin conocerle, lo odie por hacerte sufrir, pero ahora le doy las gracias porque de no haberte hecho sufrir, jamás hubieses podido describir este atardecer tan insospechado visto a través de tus lagrimas madrileñas, andaluzas, tan de Castilla. Tratare de llegar, aunque por el momento no tengo ningún amor que olvidar ni dejar enterrado en el café del Este, sin embargo brindare por tu liberación por haber olvidado, por tener la valentía de encararlo y por serte fiel todos estos años a las convicciones que te gobiernan.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

En esta pagina, bajo ninguna circunstancia, debe dar cobijo a la palabra cementerio. Porque esta pagina es un canto a la vida, a la esperanza, al ideal, al romanticismo, al mejor maniana, a esa desesperada necesidad de Tener Fe en la FE. Por esos motivos este lugar no debe dar lugar a palabras tan terribles como Cementerio, Desesperanza, Abandono, Ego, vana campania de falsas esperanzas en dias de torpeza politica. Nada de eso debe estar en este website. Eso pienso y eso aspiro. I am sorry, but I tell you what I am thinking. The life is amaizing!
Go ahead!
Grego.
Washington DC.

Anónimo dijo...

Amiga... es un camino al cementerio el que camino si no me llegan tus noticias. No se donde llamarte.
Desde India

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