miércoles, 23 de diciembre de 2009

Cuento de Navidad


La luz se enredaba entre las hojas tiernas de los cafetales, los granos de café redonditos y rubís se soltaban de las ramas para indicar su madurez, las hojas de los arboles brillaban al son de los nortes mientras Vinicio corría entre las acequias construidas recientemente para contener la erosión de los terrenos. Desde que el precio del café bajo don Ricardo, “El Patrón” no había querido invertir en la propiedad y las cárcavas empezaron a aparecer como raíces nefastas carcomiendo las laderas de la Finca “La Esperanza”.
Este año para “La Esperanza” había ido mejor, el precio del Café había aumentado y Don Ricardo se intereso mas desde que le certificaron el grano para exportar a una prestigiosa cadena de cafeterías norteamericana.
Vinicio a sus 7 años no comprendía los problemas de la bolsa de valores, su preocupación principal era levantarse todos los días a las 4 de la mañana con su madre, Rosalba, quien había dejado de trabajar recientemente en la casa de la nuera de Don Francisco en la Colonia Escalón, para irse a la corta. Vinicio se levantaba se calzaba sus botas negras de hule, las que una vez vio en un libro de cuentos parecidas a las del gato y su camisa de cuadros de manga larga para evitar los cortes y rasguños de las ramas de café. El fuego de la cocina todavía calentaba la champa, pues para esta época la temperatura baja muchísimo en la cordillera del bálsamo. Todas las mañanas después de tomarse su café y un pan francés con frijoles recién cocidos y olor a leña, salían a las laderas a cortar los granos que finalizarían en una esquina de la rue de Mont Blanc, o en una avenida de Nueva York.
Era víspera de navidad, como todos los anos, el club había realizado la campaña para la recolección de juguetes, este año las donaciones no habían sido como los años anteriores, pelotas, carros plásticos de esos que los ejes de las ruedas se pueden desmontar, salta cuerdas, barbies falsas era lo más que se podía ver entre las donaciones de las empresas, sin embargo y pese a la inconformidad de la directora de la campaña, eso era lo que teníamos y con eso trabajarían.
Vinicio había visto “ la troca” último modelo del patrón, manejada por uno de sus hijos, como uno de esos juguetes de almacenes caros, sus dos hermanitos quienes no iban a la corta , se quedaban en la guardería de “ la esperanza”, Vinicio tenía que trabajar para que Wilson y Denis tuvieran un mejor futuro. Vinicio sonaba con las luces del parque que una vez su padre le mostro al llevarlo a Santa tecla, el día que fueron al Banco Salvadoreño a cobrar lo de la corta y se quedaron a dormir en el Portal, fue la única vez que bajo al pueblo y solo veía las luces desde el patio de su casa, esas luces que le indicaron que ese ambiente diferente, esos vientos, ese frio montañero, ese Nino Dios, era llamado Navidad. A Vinicio le gustaba la navidad y esperaba con ansias el camión de don Francisco con los juguetes

Ese ano con la inversión en la finca, y los gastos en la conservación de los suelos para evitar deslaves, no llego la troca con juguetes, sin embargo el nombre de “La esperanza” figuraba en las listas de los elegidos para la entrega de juguetes de ese ano. Llego el día en que los juguetes salieron de las bodegas a todos los rincones del país.
Recuerdo a nuestro compañero Antonio, con sus habilidades de actor de teatro pararse en el pick up y decir en voz alta “dejad que los niños se acerquen a mí”, mientras Carlos, Beatriz, Victor y otros repartían las pelotas y todos los niños se abalanzaron para recibir su su carrito, su muñeca, no alcanzaban los juguetes para tanta mano pidiendo un trocito de esperanza. Ese día Vinicio se levanto más temprano que de costumbre para poder llegar a tiempo a la repartición de juguetes, sin embargo no logro llegar a tiempo. Lo vi corriendo con su camisa de cuadros, mocoso y careto, chorreado y sudado, con su pelito negro azabache, con ojos avispados y asombrado de ver el pick up vacio, la cara decepcionada de Vinicio se podría plasmar en el lienzo como uno de los cuadros de tristeza infantil más representativos. Llego, pregunto, se acerco a Antonio para pedirle tres juguetes, sin olvidar a sus hermanos y su gestión no justifico. Abrí la parte trasera de la camioneta para sacar mi cámara y el trípode pues necesitaba fotos y escogí la guardería para mis tomas, de repente me encontré un camioncito de plástico rojo con rueditas negras, algo insignificante, lo saque y se lo di a Vinicio, ¿me dijo- ¿no tiene otros para mis hermanos?, - Le respondí: lo siento es lo único que queda, todavía le hice la broma que si quería unas barbies y me miro con ojos picaros diciéndome: - eso es para niñas, ambos nos pusimos a reír y me dio esa sonrisa tan infantil que es difícil olvidarla
Me aproxime a la a la guardería, lo que vi jamás lo olvidare, todos tenían sus juguetes, Vinicio y sus hermanos solo tenían uno una “troca” roja con rueditas desmontables, estaban allí los tres, Wilson, Dennis y Vinicio, jugando dos de ellos a empujar los ejes del camioncito y Denis con lo que quedaba del camioncito. Que felices eran, no había universo en ese momento mas que imaginar que algún día tendrían su propia troca, que bajarían a Santa Tecla a ver las luces de la navidad, comer pupusa en el portal y regresar a dormir a casa.
Que esta navidad nos deje esa capacidad de tener sueños, de compartir, de fraternidad y de amor para nuestros hermanos

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