viernes, 2 de noviembre de 2007

Por fin Venecia!!

Enfrascada en la idea fija de poner pie en Italia, esta a vez si logre mí objetivo y comenzando por uno de los mejores sitios, a mí ver, Venecia, abrazada por el Adriático.
La primera vez que osaba entrar a tierras Italianas fue en el ano 2001 cuando hacia un recorrido por los Alpes franceses, fronterizos con Suiza y Francia. Recuerdo que el guía turístico me hablaba de poner una bota en Italia y es porque este lugar es un triborde entre Suiza Italia y Francia..
La segunda vez, en junio de 2007, tras haber hecho un curso de gerencia deportiva en la Ecole Politecnique de Laussane, cruce el Túnel del Mont Blanc y pude entrar a los reinos de la Saboya, Curmayeur, y el Valle de Aosta, ya en terrenos más Italianos.
Pero esta vez fue diferente, adentrar tierras Italianas es una experiencia única en degustación de colores, sabores, olores, ritmos, paisajes y diversidad en todos los aspectos. Mi primera parada, el lago del Garda, un singular lago en el Véneto , rodeado de pueblecitos que continúan la tendencia de tener un “ castillo en cada colina”. Los pueblecitos son extremadamente pintorescos, muros con años de historia bañados con veraneras y buganvilias de colores, predominando mi color para este otoño el purpura.
Pasaron 41 anos para que pudiera ver las maravillas de esta tierra, y con razón recordando o imaginando a mi padre preguntar “ adonde va la princesa” y responderle todavía no se si en sueños, con la imaginación o simplemente “al carnaval de Venecia”.
Llamada por los libros de viajeros “ la reina del adriático” quizá muchos han escrito ya sobre esta singular ciudad, y no repetiré tanto ya dicho sobre ella. Sin embargo re tomando las palabras de mi gran amigo Vito, en aquella cena en el Bufete de la Gare en Suiza, calificaba esta misteriosa ciudad como “al borde de la realidad”. Y es esa realidad la vivida o será esa fantasía sonada no se puede deducir que sentimientos alberga entrar a Venecia, con lluvia y el cielo color gris.
Debido a la lluvia decidimos tomar un taxi. Al igual que todo, el movimiento es a través de los canales, esa es la avenida, por lo consiguiente, los bomberos tienen una Lancha de bomberos, las ambulancias son acuáticas, la policía va persiguiendo traidores por los canales, los repartos en los bares y hoteles llegan por el gran Canal por lo que las Coca colas navegan también, los materiales para la construcción se mueven a través del agua. Fue divertido e insólito arribar al Hotel Bonvechiati por su singular entrada al borde del canal donde el taxi nos dejo cobrando una módica cantidad de 80 euros por un viaje de menos de 20 minutos. Pero al igual que en México. Nueva York o San Salvador, los taxistas siguen siendo un tema aparte.
Las patas de las palomas de la plaza de San Marco estaban llenas de lodo dado que toda la tarde llovió incesantemente lo que incremento la afluencia de personas a la Catedral. Estar allí precisamente en el momento en que el sol es sigiloso, las campanas suenan, llueve, y las palomas se posan en tu cabeza es algo que recomiendo vivir, es una experiencia inolvidable.
Camine mucho esta tarde hasta agotarme, deseando que llegara la noche para poder cenar Italiano, en Venecia. Una Trattoria muy típica fue el marco final para este 26 de octubre.
No sé por dónde comenzar o proseguir con mi narración sobre esta ciudad para realmente describir a detalle lo bella que es. Empezare diciendo que está muy marcada por el tiempo, es como una mujer hermosa a los 80 años sin ayuda del bisturí. La ciudad descansa en su ancianidad y se conserva hermosa como muchas de las mujeres que cada tarde salen a pasear al Rialto, a San Marco, o por las mañanas al mercado del Pez. A Venecia se le nota el tiempo, pero es su mayor atractivo el haber quedado atrapada allí. La ciudad se ve como si flota en un gran lago, está construida sobre una especie de pantano y sobre miles de troncos de madera lo que le dan el soporte a las estructuras. Hay 350 puentes según me comentaba el gondolero, y 150 iglesias. Los lugares más imponentes son entre otros los Pilares de la plaza de San marco. El Campanario, El Palacio Ducal, la Basílica de San Marcos, el puente de Rialto, el mercado del pez, cualquier tienda de mascaras, los colores del murano, La Fenice, todavía funcionando como un teatro, San Giorgio Maggore.
Dicen por allí que el paseo en góndola es de las cosas más románticas de la tierra y por tradición al llegar a Venecia se piensa que los gondoleros cantan. Ahora en día los gondoleros no cantan y volverse a enamorar en Venecia resultaría tan fácil con viaje en góndola o sin ella.
Un buen amigo que recomendó no estar más de dos días en Venecia, “Venecia es chiquita” en dos días la veras, a mi me gusto tanto que podría regresar muchas veces , pero seria difícil escoger entre tanta ciudad hermosa que Dios me ha dado la oportunidad de conocer. Cada rincón, cada muro bañado por el agua del adriático es un cuadro incipiente acuarelas que incitan a cualquier artista a dejar con su pincel plasmadas las emociones.
En Venecia dan ganas de cantar, de bailar al ritmo de los valses que tocan los músicos en las noches de luna llena de San Marcos, dan ganas de llorar y de reír. El amor se siente por allí rondando por cada puente, por cada esquina detrás de cada ventana.
Es importante saber vivir, saber morir también, saber pasar el tiempo que nos regala la vida. Dejar que nuestros pensamientos ordenen al universo nuestros más sublimes deseos, eso es vivir. Si sonáis con algo, lo conseguirás, si quieres disfrutar esta ciudad algún día lo harás, no tengas la menor duda.

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