sábado, 27 de diciembre de 2008

La dama de los Volcanes de Izalco


Buenos días Señora,

Señora, vuestra personalidad llena completamente toda la estancia, incluso los más ínfimos rincones. No sé, la verdad, si sois la Dama del Lago pero de seguro si sois la Gran Dama de los Volcanes de Izalco.

Vuestros ojos, su maravilloso color, son el puro reflejo de la fértil tierra de vuestros países, de sus bosques, de sus profundos lagos, de sus ríos de lluvia, de sus prados, de sus playas. Vuela el Quetzal pero vuestros ojos, mi Dama de los Volcanes de Izalco, brillan más que todos los colores del ave, Incluso diría que por vuestros ojos me llega el olor de la tierra caliente mojada tras una tormenta, con el profundo sentir del café.

Sólo con vuestra sombra, Señora, se amontonan en mi mente las maravillas de vuestros dos países Guatemala de nacimiento y El Salvador de adopción. Los colores, los sabores, los perfumes, el calor de la gente, los trinos de los pájaros, el movimiento de las hojas intentando aliviar la temperatura.
Os imagino, Señora, paseando bajo el Arco de Santa Catalina, subiendo las gradas del Gran Puma, deslizando pulcramente vuestros pies en las cálidas aguas del Pacífico, observando a lontananza las profundas aguas del Atitlán que cual espejo de cristal veneciano se impregna de las imágenes de los volcanes, hablando con una pequeña indita acerca del colorido de sus telas, de sus vestidos y también, como no, con vuestro pincel en la mano dando vida a la tela que tenéis delante, la vida de los colores y calores que tanto amáis....

Pero las grandes damas no lo son por sus títulos, si no por su comportamiento y por lo que representan. Vos sóis capaz de respetar el intento de concierto de un vagabundo con un trozo de guitarra al que le faltan algunas cuerdas y, asimismo, estar sentada, disfrutando con lágrimas en los ojos, de una buena guitarra que os transmite un Concierto de Aranjuez excepcional en uno de los templos sagrados de la öpera.
Vos que dáis tanto amor a vuestro trabajo, a vuestros hijos, a vuestros seres queridos, a vuestras ilusiones, a vuestros proyectos, vos sois mi ilusión, y sois a la vez mi particular Dama de los Volcanes de Izalco y mi salvadoreñita querida.

Feliz día mi Dama.

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